Los padres que trabajan no tienen el control de sus hijos, más bien son manejados por ellos. Están carentes de herramientas, tiempo y paciencia para dirigir una crianza responsable. Se sienten presionados por cumplir laboralmente para lograr sus metas económicas o de desarrollo profesional.
Los padres que trabajan abandonan notablemente sus labores parentales en pos de un mejor estándar de vida.
Por esta razón los padres experimentan un sentimiento de culpa que los coarta a la hora de colocar límites y aplicar sanciones, sintiendo que el poco tiempo que pasan con ellos no lo pueden malgastar en retos y castigos. Por el contrario suplen con regalos, engaños y libertad absoluta sus ausencias, pasan por
alto las conductas inadecuadas y las irresponsabilidades de sus hijos, por considerarse culpables de estas situaciones, dejando en ellos la sensación que pueden repetir estas acciones, pues no tienen importancia, ni sanción. Los padres que trabajan son más permisivos con sus hijos.
alto las conductas inadecuadas y las irresponsabilidades de sus hijos, por considerarse culpables de estas situaciones, dejando en ellos la sensación que pueden repetir estas acciones, pues no tienen importancia, ni sanción. Los padres que trabajan son más permisivos con sus hijos.
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